Tercer desafío: movilidad sustentable

Este es quizás el desafío más evidente que tiene el Gobierno Regional de Santiago. Todas las grandes metrópolis del mundo padecen este problema quizás como el número uno. En Santiago, tenemos 18 millones de viajes diarios que mueven a seis millones y medio de personas. Tenemos también un crecimiento sin control ni planificación, heredado hace décadas, que genera largas distancias en los traslados. Además, muchos santiaguinos han experimentado un crecimiento en sus ingresos y han accedido a automóviles y el impacto en la ciudad lo experimentamos todos los días: la congestión. La infraestructura urbana, las calles, las autopistas, no pueden crecer al mismo ritmo.

 

El drama del Transantiago

Si uno preguntara a los últimos tres Ministros de Transporte qué porcentaje de su tiempo destinan al tema de la movilidad de Santiago, creo que la respuesta sería la mitad. Así es: el cincuenta por ciento de las horas del funcionario encargado de velar por el transporte y las telecomunicaciones de todas las ciudades del país se va en la RM. El tema es evidente, el Transantiago. Lo mismo ocurre con el Subsecretario y el Seremi que trabaja para la región, pero se genera la insólita cadena que sus dos jefes, que deberían estar enfocados en las políticas de transportes del país, se encargan de la capital. Esto es injusto. No solo para las regiones, sino también para Santiago.

 

Coordinación intersectorial y sus complejidades

En Santiago intervienen al menos seis entidades públicas en el tema de la movilidad y ninguna de ellas tiene la obligación de coordinarse con el Gobierno Regional: EFE, Metro, el Transantiago, los buses de servicios rurales, los buses de acercamiento que disponen las comunas para algunos sectores alejados, SECTRA, la Conaset y la UOCT, que es la única de estas entidades que depende administrativamente de la Intendencia.

 

Autopistas más coordinadas, más ciclovías y veredas

Resulta evidente que una de las funciones claves de gobernanza de una autoridad regional electa debería ser el transporte. Y no una parte de él, sino la totalidad: es el gobierno regional quien tiene la óptica justa para hacer los diagnósticos y articular a los actores que intervienen en el proceso: chicos y grandes, poderosos y vulnerables, de manera de hacer que el sistema sea integral: no una suma de partes. De esta manera, se potenciará una mejor ciudad para peatones y ciclistas, por ejemplo.

 

Necesidad de una Autoridad Metropolitana de Transportes

El Estado central debiera ceder potestades al Gobierno Metropolitano en pos de una mejor coordinación del transporte. Pero sin perjuicio de cuánto se demore la creación de esta instancia, hay que partir desde antes. El gobierno regional tiene que tener lo antes posible competencias para asumir el transporte público de la ciudad: coordinación, planificación, regulación y algunos elementos de gestión. Debe ser el espacio de reunión donde se discuta el transporte de Santiago. El Ministerio de Transporte está invitado, claro, pero la casa debe ser del gobierno regional. La propuesta es una Autoridad Metropolitana de Transporte, con plenos poderes sobre la movilidad de la ciudad y plenos recursos para funcionar. No va a tener jurisdicción en todos los agentes que intervienen sobre el tema desde el nivel nacional y el comunal, pero al menos y, para empezar, Transantiago, la SECTRA y la Unidad Operativa de Control de Tránsito deberían depender de esa autoridad que, a su vez, reportaría al gobernador electo.

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