Estimados, comparto con Uds. artículo escrito por Carolina Tohá, Ricardo Lagos, Oscar Landerreche y yo sobre el presente y futuro de la Concertación en la edición del 29 de enero de la Revista Qué Pasa.
Lo que dejan las campañas
Las campañas son procesos en que se ven las luces y sombras de nuestra identidad nacional. En ellas se hacen visibles, para todos los ciudadanos las virtudes y defectos de nuestra cultura, economía, política y sociedad. Las campañas tienen la facultad de desnudar al país, pararlo frente a un espejo y decir: “esto somos, con esto empezamos, a partir de esto construimos”.
Para hacer posible aquello las campañas alcanzan niveles de estridencia que la vida diaria no toleraría. Lo paradójico de las elecciones es que con todo lo panfletarias, estridentes, caricaturescas y narcisistas que son, al mismo tiempo sentimos que en ellas hay profunda solemnidad republicana. Sentimos que hay algo sagrado ocurriendo cuando vamos a votar, somos candidatos, servimos como vocales o ejercemos como apoderados. De ahí proviene la fuerza de lo que sentimos se expresó en esta elección.
Se expresó en la demostración de que en el Chile de
Debido al rol que jugamos en la candidatura de Eduardo Frei Ruiz-Tagle hemos tenido la oportunidad de observar lo que ocurrió. A pesar de haber jugado los roles que nos correspondió, nos sentimos parte de una gran cantidad de concertacionistas que vivieron, se la jugaron y sufrieron en esta campaña, lo que nos ha permitido hacer una reflexión colectiva y transversal. Sabemos, sin embargo, que no tenemos ninguna exclusividad ni jerarquía en este debate que recién comienza. Hay muchos liderazgos que hoy están pensando las mismas cosas, y entre todos tenemos que abrir espacios para que esta deliberación sea inclusiva y fructífera. Sentimos, si, el deber de expresar y compartir lo que muchos nos han dicho que sienten respecto de este resultado. Sentimos que es importante expresar el dolor y esperanza de ese pueblo concertacionista y de centro-izquierda que está triste por el resultado, pero que tiene la convicción de que tenemos mucho que construir a partir de las lecciones de la derrota.
La razón de la derrota
Todos tenemos ideas y juicios respecto a las razones que han llevado a esta coalición exitosa a perder votos sostenidamente durante los últimos años, culminando en esta última derrota. Sin embargo, es preocupante constatar que la mayoría de los actores políticos no ha hecho más que reafirmar sus antiguas tesis y prejuicios a la hora de explicar lo sucedido. Unos hablan de los errores de campaña; otros de fallas en nuestra propuesta programática; otros de la falta de consideración de los sectores medios emergentes; otros de la falta de acogida a demandas de grupos organizados como los funcionarios públicos o los profesores; otros culpan a nuestro candidato o a los otros candidatos de centro-izquierda; y otros al agotamiento de nuestro modelo de coalición y al estilo de funcionamiento de nuestros partidos.
Aunque tenemos opiniones claras en esta materia y las hemos expresado muchas veces, hoy preferimos hacer una invitación al debate antes que reafirmar nuestros puntos de vista. Hacer esta reflexión en forma honesta y profunda es una necesidad para volver a ser una opción competitiva y de mayoría en Chile. Ello implica una actitud de humildad y de diálogo, que permita escuchar las razones de los otros y no refugiarse en las convicciones y prejuicios propios. Es necesario dedicar este tiempo a esa tarea y emprenderla en cada partido así como en espacios transversales, abiertos a otros actores ciudadanos que tienen mucho que decir y que claman por ser escuchados.
Lo que
hizo
Lo que vivimos hace dos semanas fue la culminación
de la restauración democrática de Chile. Todas las discusiones pendientes sobre
el sistema democrático (la obligatoriedad del voto, el sistema binominal, la
elección de intendentes… etc.) sin duda que continúan abiertas; pero todos
reconocemos que ya no existe (a lo menos de boca para afuera) ningún sector
cuya tesis política central sea la superioridad del autoritarismo por sobre la
democracia, cosa que no era cierta hace diez o quince años atrás.
Adicionalmente, ya no existen sectores políticos significativos excluidos del Congreso.
Esa es obra de
La restauración democrática tuvo otro gran
elemento: la creación y legitimación del sistema de protección social. El
desafío de extensión de la protección social continúa abierto, particularmente hacia
la clase media; pero todos reconocemos que (a lo menos de boca para afuera) ya
no existen sectores políticos en Chile cuya tesis de política pública central
gire en torno al Estado mínimo y en oposición a los derechos garantizados, cosa
que no era cierta ni siquiera cuatro años atrás. Esa es obra de
El Chile que queda después de estos veinte años de gobierno es inmensamente mejor. Han sido dos décadas de avance constante y sostenido en todos los planos: la consolidación de la democracia y de las libertades públicas, el avance económico, la inserción internacional, la protección social, el desarrollo cultural. Chile es hoy más desarrollado y más justo, más libre y más educado que nunca en su historia.
No es raro, sin embargo, que el propio mundo de la coalición gobernante se sienta insatisfecho con su obra. Chile sigue siendo un país con desigualdades y exclusiones inquietantes, donde el contexto político e institucional hace difícil el avance de reformas sustantivas en temas claves como la educación, las normas laborales, el sistema tributario y la institucionalidad política, por mencionar algunas.
Explicar esas insuficiencias y darles respuesta es parte de la tarea de reflexión que hoy es necesario realizar.
Lo que
podríamos hacer con
En esta elección aparecieron cuatro cosas muy nítidas que debemos abordar con mayor fuerza hacia el futuro:
- El desafío de un sistema económico, y particularmente laboral, que muchos sienten no los incluye como parte de un plan de desarrollo nacional, no los considera como socios de un proyecto, sino como un simple insumo, desechable y prescindible, que es apreciado solo si es barato, flexible y sumiso.
- El desafío que representa la terca persistencia de la discriminación racial, sexual, religiosa y social; así como la desigualdad económica, regional, política, educativa y cultural en Chile.
- El desafío que constituye la frustración de las clases medias emergentes y sectores de emprendimiento popular que a pesar de sus esfuerzos se sienten excluidas del poder, con límites evidentes a sus oportunidades, con la sensación de que el Estado no les llega y por consiguiente abandonadas a su suerte en la adversidad.
- El desafío que representa la sensación entre muchos ciudadanos de que todos sus esfuerzos y progresos no han sido acompañados necesariamente de mejorías en su calidad de vida, en definitiva, del logro de la felicidad, que aparece aún como un privilegio reservado para algunos pocos.
¿Qué tienen en común estos cuatro desafíos? A nuestro juicio, los cuatro expresan formas de desigualdad y exclusión. Es por eso que tal como los ejes ordenadores de la antigua Concertación fueron la restauración de la democracia, la superación de la pobreza y el establecimiento de la protección social; los ejes ordenadores de la nueva Concertación deberán ser la instauración de la igualdad, inclusión, competencia y meritocracia en la cultura económica y social chilena.
Este es un desafío político enorme porque no hay manera de enfrentar la desigualdad sin mayor participación ciudadana. La sociedad chilena es demasiado heterogénea, las formas de exclusión son demasiado variadas, los límites a la meritocracia son demasiado robustos como para que las soluciones se le ocurran a una elite iluminada. Las soluciones las tenemos que encontrar en forma colectiva, en forma participativa, en forma inclusiva, y esto requiere una reforma política profunda de nuestra coalición.
Lo que serán nuestros partidos
Muchos somos aún militantes de partido, queremos continuar siéndolo y contribuir a su reforma y fortalecimiento. Creemos que no es concebible una Concertación sin partidos y entendemos que los cuatro partidos representan almas cívicas y culturas políticas que son el material fundamental con el que debemos construir.
Cada partido tendrá que llevar a cabo su propio
proceso de reforma que se enmarcará en su propia cultura e historia política.
En ese sentido no es esperable ni deseable que las reformas de los cuatro
partidos de
A nuestro juicio un buen lugar para comenzar a discutir la reforma de los partidos es preguntarse en forma muy simple y abierta: ¿Cuál es el partido que nos gustaría tener? ¿Cómo es la vida del militante que nos gustaría? ¿Qué tenemos que hacer para que volvamos a sentir en nuestra vida partidaria esa solemnidad, esa profundidad que sentimos al participar de los ejemplares procesos democráticos chilenos? ¿Qué tenemos que hacer con nuestros partidos para que militar en ellos vuelva a ser algo democrático, inclusivo, entretenido y constructivo?
Y respondidas estas preguntas utópicas, enfrentemos el proceso de crear esos partidos, sin escuchar tanto a las voces del escepticismo interesado, ni del pragmatismo cínico; sino con el arrojo que merece la querida memoria de quienes construyeron nuestros partidos, pero ya no están.
Con la misma fuerza tenemos que constatar que el actor central de la lucha por la igualdad, la meritocracia, la competencia y la inclusión será el ciudadano concertacionista. Muchos – ojala la mayoría – vuelva a poblar nuestros partidos, allí los necesitamos. Pero otros quizás escojan nuevas formas de participación a las que debemos dar cabida. Creemos que ha llegado la hora de reconocer formal y operativamente la transversalidad ciudadana que se encuentra en organizaciones ciudadanas de muy diverso tipo: de barrio, estudiantiles y juveniles, vecinales, profesionales y académicas; sindicales, religiosas y no gubernamentales; y también, por cierto, en nuevos movimientos y partidos de claro domicilio centro-izquierdista. Todas ellas tienen importantes contenidos que aportar y liderazgos que debemos incorporar.
Con todo, la confianza ciudadana no la
conquistaremos solamente con nuevos partidos, una nueva coalición y nuevas
ideas. Todo ello debe ir acompañado de convicción, testimonio, pasión y ganas
de construir el nuevo proyecto de
Ha llegado la hora de inventar un mecanismo de
adhesión concertacionista transversal y de diseñar el marco de derechos y
deberes políticos que ello debiera contemplar. Ha llegado la hora de comenzar a
construir una concertación de partidos ciudadanos y ciudadanos partidarios:
Un desafío enorme… ¿qué duda cabe? Es una forma nueva de coalición política que tenemos que inventar. Una forma que quizás nunca se ha visto, pero que todos sabemos es el modo del futuro. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo entender que partes tiene que tener? ¿De que manera debe operar?
A nuestro juicio una buena forma de empezar es abriendo espacios a un amplio debate y reflexión; no solo sobre la derrota lectoral, sino sobre el Chile de hoy y sobre como hacer que nuestras ideas puedan vincularse con la sociedad que juntos hemos construido. Debemos hacer esto retomando la manera horizontal de relacionarnos entre las estructuras partidarias y las múltiples y diferentes organizaciones ciudadanas que componen nuestro mundo socio-político; buscando reconocerse y reencontrarse; rearmarse y reorganizarse; para luego, con serenidad, conversar sobre como vamos a construir juntos esta nueva gran casa de la centro izquierda chilena.













muy buena publicacion
Senor Claudio, esta publicacion esta muy buena, todos sabemos que la concertacion necesita una gran reforma, concuerdo en algunos puntos, en particular en el de buscar mas participacion de la gente en los partidos, es algo muy necesario para la coalicion, pero sin duda que la gente ya no ve interes en esos tipos de cosas. Lo que paso el dia 17 no fue una derrota de la concertacion, fue una victoria de la derecha, ellos supieron conquistar a alta parte del electorado, con sus promesas vacias y camufladas (Ej.: 1.000.000 de empleos de Pinera es equivalente a crear 250.000 cada ano). Sin duda que en su respectivo momento eso les pasara la cuenta.
Sin ningun otro particular, y pidiendo unas disculpas por la manera de escribir en algunas partes, ( Sin la N con un palito arriba) debido a que estoy en un notebook que tiene su teclado en ingles.
Se despide
Eduardo Caviedes Aedo